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Breve reseña histórica

Torrevieja es hoy día una de las principales ciudades de la Comunidad Valenciana, tanto por su dinamismo y pujanza económica, como por el número de habitantes censados, ocupando por éste parámetro el cuarto lugar dentro de la comunidad autónoma. Esto ha sido posible gracias al desarrollo turístico y urbanístico que la ciudad ha experimentado, de modo especial durante los últimos veinte años.

Podríamos decir sin temor a equivocarnos, que los cambios sucedidos en Torrevieja en este último periodo de tiempo, han sido más notables que todos los sucedidos desde sus albores como núcleo poblacional, allá por las postrimerías del siglo XVIII, aunque fue en los primeros años del XIX, concretamente en 1803, cuando se instalaron en la actual Torrevieja, las dependencias de administración de la Reales Salinas, que hasta entonces se encontraban situadas en La Mata, hoy cercana pedanía de Torrevieja, comenzando de ese modo el desarrollo de Torrevieja como núcleo poblacional primero y ciudad seguidamente.

Una fecha trágica, pero que ayudó al planeamiento urbanístico que perdura hasta nuestros días fue la del año 1829, en que un terremoto asoló a la Comarca de la Vega Baja, y dejó a Torrevieja en ruinas, tanto es así que hubo de acometer su total reconstrucción, donde jugó un papel importantísimo el Arquitecto Larramendi, que diseñó su actual trazado de calles rectas y anchas -sobre todo pensando en la época- y manzanas cuadradas

Otra fecha histórica para la ciudad fue, sin duda, la del año 1831, en que el Rey Alfonso XII le concedió el título de Ciudad.

Torrevieja, a lo largo de los años experimentó diversas transformaciones en su actividad económica, algunas de las cuales marcaron el carácter de la Torrevieja actual, como sin duda fue el hecho de que en los primeros años del siglo XX, su bahía fuese la base de la mayor flota de motoveleros de todo el Mediterráneo, viajando productos de estas tierras a todos los rincones del mundo, entre ellos, las lejanas Antillas, con las que el comercio marítimo jugó un papel relevante, tanto es así, que acabada la actividad comercial, cuando el vapor sustituyó definitivamente a la vela en la ruta de las Antillas, aquí quedó la persistencia del recuerdo, en las historias y relatos de los marinos y, como hemos podido ver hasta nuestros días, la añoranza de aquellas tierras, de sus paisajes y de sus ritmos melodiosos, como así nos lo recuerda cada año el Certamen Internacional de Habaneras, que no es, sino, la idealización de una música popular y del sentir del corazón de un pueblo trabajador y marinero.